“El riesgo de escribir sobre la violencia y hacer trabajo de campo y de investigación en Colombia”

Lerber Dimas Vásquez, antropólogo colombiano experto en violencia urbana y crimen organizado en la región de la Sierra Nevada, comparte su experiencia de amenazas e intimidaciones que lo obligaron a salir del país.

Contanos una breve presentación tuya y de tu trabajo en Colombia

Soy antropólogo de la Universidad del Magdalena y desde hace más 12 años, he venido trabajando en temas de memoria, violencia urbana y crimen organizado en la Sierra Nevada. La Sierra Nevada hace parte del Caribe Colombiano y la forman tres departamentos: Cesar, Magdalena y la Guajira. Esta zona tiene dos particularidades: la primera de ellas, es que allí se desarrollaron dos epatas que son importantes para la comprensión de los fenómenos violentos: la primera de ellas, la bonanza marimbera y la bonanza cocalera y la segunda, la llegada de las guerrillas y de los grupos paramilitares a este macizo montañoso.

En los dos procesos se llevaron a cabo miles de asesinatos, masacres, exterminio de familias, desapariciones y múltiples violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario.

 

Pertenezco al grupo de investigación La Oraloteca de la Universidad del Magdalena donde hemos realizado un trabajo importante de antropología visual y con ello, la reconstrucción de 4 masacres que ocurrieron en el departamento del Magdalena. La Sierra en su conjunto, reúne 540 masacres en los últimos 50 años, con un incremento altísimo entre 1996 y 2006.

Asimismo, soy un experto calificado en temas de seguridad y escribo para algunos medios de comunicación local y nacional sobre estos fenómenos y los emergente: que salieron luego de los Procesos de Paz con las AUC y las guerrillas de las FARC.EP. Desde hace más de cinco años defiendo las causas sociales e indígenas (Defensor de Derechos Humanos) y docente catedrático de antropología en la Universidad de la Guajira.

 ¿Por qué razones tuviste que dejar el país? ¿qué sucedió?

El rearme de los grupos paramilitares empezó a tener incidencia casi desde el otro día de la desmovilización que tuvo lugar en 2006. Esto quiere decir que lo se conocería como la etapa del posconflicto rápidamente se convirtió en una sucesión del paramilitarismo que siguió violando los Derechos Humanos y cometiendo infracciones graves al Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

Junto al Grupo de Investigación, la Oraloteca empezamos a llamar la atención en eventos públicos: conversatorios, programas de radio, eventos académicos y publicaciones en periódicos locales y revistas indexadas. Asimismo, a partir de documentales sobre estos hechos y sobre otros particulares como los Falsos Positivos (Los falsos positivos en Colombia en una mancha que tienen las Fuerzas Militares pues mataron a muchos jóvenes y campesinos y los hacían pasar como guerrilleros muertos en combate para recibir prebendas y asensos). Empezamos a reconstruir la memoria y hablar con las víctimas y al mismo tiempo, empezar a hacer publicaciones sobre estos fenómenos violentos, su injerencia y la formas como seguían articulados a procesos políticos y económicos de las diferentes regiones. El paramilitarismo se había tomados las Universidades de la Sierra Nevada y había modificado hasta el Pensum académico para que toda idea relacionada con el socialismo y el comunismo fuera aniquilada.

Pues bien, estos espacios académicos de debates empezaron a generar incomodidades puesto que el paramilitarismo sigue activo en estos departamentos y en general en casi toda Colombia.

Tuve que salir de Colombia porque me atreví a apoyar la defensa de los Derechos Humanos y en participar de eventos académicos en los que se hablaba de responsabilidades de grupos paramilitares, de parapolítica (la parapolítica es un término que se refiere a la relación muy cercana e incluso de apoyos mutuos entre alcaldes, senadores y concejales y los grupos paramilitares) y sobre todo de los falsos positivos.

¿Cómo y por qué pensas que tu trabajo como académico se relaciona con la situación de riesgo a la que estuviste expuesto?

El Proceso de Paz en Colombia con las AUC., tiene cuatro componentes: la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. Para ello, se diseñó la Ley de Justicia y Paz –mecanismo transicional- en el que quien se acoge a ella, y cumple con los cuatro requisitos, tiene una pena alternativa (8 años por todos sus delitos) privado de la libertad en un pabellón especial. Todo para contribuir al escenario de la reconciliación.

El primer problema surgió porque quienes estaban postulados a esa alternatividad penal, se dieron cuenta que podían manipular la verdad y cambiarla. No había forma de refutarla y esto benefició enormemente a terceros, que, por dinero, les pedían a los postulados asumir la responsabilidad total del hecho punible –sin nombrar a otros- porque la pena iba a ser igual. Esto hizo que muchos criminales, que estaban en libertad siguieran gozando de impunidad. Desde los trabajos de memoria y de antropología simbólica y de acercamiento con las víctimas, encontramos que no se estaba jugando limpio al Proceso de Paz e inmediatamente alzamos la voz de protesta. Esto hizo que varios postulados, fueran expulsados de la Ley de Justicia y Paz al comprobar que no estaban cumpliendo con los requisitos por lo que la sentencia inicial de 8 años, pasó a la justicia ordinaria y la pena se elevaría a 40 años de prisión.

El segundo problema fue la comprensión de los espacios para la memoria y el acercamiento a las víctimas y el apoyo a mesas de paz y de procesos de reparación: el paramilitarismo se apropió de las tierras y desplazó a miles de campesinos. Este proceso de acompañamiento a líderes y lideresas, así como a comunidades indígenas, trajo la muerte de personas que estaban al frente de esos procesos, lo que repercutió en que estos procesos se quedaran estáticos.

De modo que el trabajo académico empezó a ser un riesgo porque esa verdad histórica (judicial) se vio afectada -por dinero se arreglaron responsabilidades, se ocultaron hechos con el fin de sacar sin problemas a aquellas personas que se beneficiaron militar, político y económicamente, del paramilitarismo-. Luego, si una investigación académica, independiente, refutaba parte de lo que ellos habían convertido en un negocio, en efecto traería para ellos problemas serios. Es así como la investigación del conflicto marca un problema.

Otro factor que implica ponerse en peligro es apoyar y visibilizar las denuncias de los líderes sociales cuya vida corre un riesgo enorme. Cada vez que ellos levantan la voz en forma de protesta, los asesinan y quienes los asesinan son personas cercanas a los paramilitares y a los negocios ilegales que persisten en estos territorios.

¿Reportaste esta situación a la institución en la que trabajas? En caso de que si, ¿cuál fue la actitud? ¿Qué hicieron?

Sí. La respuesta de la Universidad fue nula. En la Universidad de la Guajira, donde soy docente catedrático de antropología ni si quiera hubo una llamada ni un comunicado. Esto se debió a que yo estaba redactando un documento sobre el rol de la Universidad de la Guajira en la era paramilitar, para la Comisión de la Verdad. En ese informe se cuestiona el rol de los rectores. Esto hizo que no recibiera ni un solo apoyo solidario de parte de la Universidad.

Siento que las universidades del Caribe Colombiano están muy prevenidas por todo lo que ocurre con los procesos de verdad porque el paramilitarismo se las tomó. Ellas no han contado su verdad y varios rectores están involucrados. El paramilitarismo asumió el control de todas las instituciones públicas en el Caribe Colombiano.

¿Hiciste la denuncia en las autoridades locales?

Sí. Tengo denuncias en la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría General de la Nación y la Defensoría del Pueblo.

¿Qué respuesta tuviste del gobierno colombiano?

Recibí una llamada de la UNP., (Unidas Nacional de Protección) para indicarme que se llevaría a cabo un estudio de seguridad. Sin embargo, estos estudios son tardíos –duran hasta 6 meses- en mí caso particular, estoy a la espera de una respuesta.

¿Buscaste el apoyo de otras personas/ grupos/ organizaciones?

Sí. Busqué apoyo en algunas ONG (nacionales e internacionales) pero fue todo tan rápido que quizá no se esté preparado para asumir la problemática de manera oportuna lo que implica un cruce burocrático. La carencia de un mecanismo propio, la mayoría de las ONG., articulan con el gobierno nacional y esto implica una tramitología que no favorece.

Asimismo, dentro de un grupo de Defensores de Derechos Humanos, pero ellos, prácticamente están en la misma situación.

¿Cuáles han sido las consecuencias de las amenazas en tu vida?

Bueno, a nivel emocional ha sido muy difícil. Lo primero es llegar a Alemania gracias al apoyo de profesores y de instituciones como el Instituto Capaz, La Universidad Justus –Liebig- y el Instituto Arnold Bergstraesser; entre otras y encontrarse con una cultura nueva, a un idioma que no conoces y enfrentarte al vacío que produce la sensación de miedo al encontrarte con algo totalmente nuevo. Nunca antes había estado en Alemania. Esto es bien complejo y genera cierto miedo porque acá, en cierto modo, estás solo.

A nivel familiar, una inestabilidad porque les ha tocado mudarse a otras ciudades para evitar alguna posible acción por parte de quienes quieren hacerme daño ya que son “autoridad” en ese territorio.

A nivel económico, el abandono de mi finca y la producción de café (se dio a pocos meses de la recolecta) lo que implicó la perdida de la cosecha y también el abandono del bien, lo que genera inquietud porque eso hace parte de mi futuro; por lo que he trabajado durante muchos años y que puede pasar a las manos de quienes intentan hacerte daño.

En el plano laboral, las implicaciones propias que tiene el abandono de algunos proyectos de investigación, lo que implica cambios de personas en los proyectos y posibles nuevos profesores para asumir mis cátedras.

¿Conoce a algún colega/s que haya sufrido algún tipo de agresión vinculado a su trabajo o tema de investigación?

Sí. Conozco personas exiliadas en España y en Canadá que solo desean poder regresar a su tierra, incluso así sean asesinados. El no poder hacer su trabajo y llegar a hacer trabajos que no tienen relación con aquello para lo que te preparaste y son de tu interés genera una frustración enorme.

¿Que pensas que debería hacerse para apoyar y proteger a las personas que trabajan en la academia y se encuentran sufriendo hostigamientos y amenazas?

Siento que es necesario crear una ruta/protocolo específico para los académicos que responda a sus necesidades de manera oportuna. Pero mucho más para las regiones apartadas del centro (Bogotá) del país. Colombia es un país centralista y las reacciones a lo que ocurre por fuera de allí, son tardías, permanecen ocultas y generalmente no cuentan con ningún apoyo. Esta ruta/protocolo o Guía de acción debe estar inmersa dentro de las condiciones que la Unión Europea o los países donantes hacen al Proceso de Paz. Es decir: dentro de las condiciones que se deben poner (quienes aportan dinero) debe incluirse un mecanismo de protección que sea efectivo, que sea rápido y que sea eficaz.